Creencias limitantes: qué son y cómo eliminarlas de tu vida
Valoración: 4.8 (95%) 4 votos

Las creencias limitantes condicionan nuestra vida, nos impiden crecer y atacan directamente a nuestra autoestima. Sin embargo, pocas personas son realmente conscientes de que las tienen. La noticia positiva es que todos podemos revertir la situación y convertir estas creencias en ideas potenciadoras para mejorar nuestra vida desde todos los ángulos.

En este artículo vamos a definir qué son las creencias limitantes y vamos a aprender a eliminarlas y cambiarlas por completo para potenciar nuestra vida. Con ejemplos y recursos prácticos profundizaremos en técnicas muy potentes para que dejes de sabotear tu mente con frases negativas.

Frases del tipo: «no sirvo para esto», «no valgo nada», «no estoy preparado para dar ese paso», «no seré capaz de conseguirlo»… Todas estas frases te paralizan y te impiden tomar acción. El primer paso es cambiar esas creencias y convertirlas en potenciadoras, ya que para cambiar tu comportamiento antes tendrás que eliminar esas creencias.

¿Qué son las creencias limitantes?

Las creencias limitantes son aquellos pensamientos que construimos sobre nosotros mismos y sobre nuestra percepción de la realidad que nos impiden alcanzar aquello que deseamos. En otras palabras, esta percepción negativa de nosotros mismos sabotea nuestra mente y limita nuestro propio desarrollo, tanto a nivel personal como social, laboral o afectivo.

Una creencia limitante es un obstáculo que nosotros mismos colocamos en nuestro camino y que nos impide avanzar.

Si en nuestro cerebro nos vemos incapaces de realizar alguna acción, directamente nos quedaremos paralizados. Aunque no exista un riesgo real, o aunque las consecuencias de nuestra acción sean mínimas, estas creencias limitantes nos harán tener una visión pesimista y extrema.

En el caso de las relaciones y las dinámicas sociales, muchas personas (sobre todo hombres) reconocen temor a la hora de acercarse a personas del sexo opuesto. Creencias limitantes como “no le voy a gustar”, “qué pensará de mí”, “no estoy a su nivel” o “es demasiado para mí”, hacen que directamente estas personas no se atrevan ni a acercarse a la otra.

Las consecuencias reales, en un caso como el anterior, son mínimas. Lo peor que puede pasarnos es que esa persona no muestre interés en nosotros, pero en ningún caso su rechazo nos pondrá en peligro. Sin embargo, solemos sentir el mismo estrés y miedo que si estuviéramos ante una situación de vida o muerte: pulso acelerado, sudoración, tartamudeo, temblor…

Son nuestras creencias limitantes las que no están saboteando, algo que ocurre de manera muy frecuente y en ámbitos muy diferentes de la vida.

Causas de las creencias limitantes

El origen de las creencias limitantes puede ser muy diverso. La percepción que todos tenemos de nosotros mismos se genera durante nuestra época de aprendizaje y formación de nuestra personalidad. Por tanto, aquellas ideas que nos inculquen en nuestra infancia influirán de manera directa en nuestra forma de pensar en la época adulta.

En este sentido, los estímulos que hemos recibido de nuestro entorno familiar, social o educativo nos condicionarán el resto de nuestra vida. Si un niño ha oído desde pequeño frases como “nunca conseguirás nada en la vida”, “tu hermano es mucho mejor que tú”, “no sirves para nada” o “siempre serás un fracasado”, lo normal es que su mente se sature de creencias limitantes que le impidan desarrollarse con normalidad en el futuro.

Esta persona, en su edad adulta, dará por hecho que no conseguirá un buen trabajo, que no podrá conocer a personas interesantes y que no estará a la altura de lo que exige la sociedad.

Es por ello por lo que, si queremos que nuestros hijos alcancen todas sus metas en la vida, los eduquemos desde pequeños con ideas potenciadoras. Si crecen sabiendo que pueden conseguir aquello que se propongan, nada ni nadie podrá detenerlos.

Es posible que estas creencias limitantes surjan también en la edad adulta por infinidad de motivos: una experiencia negativa, un fracaso estrepitoso o la acción realizada sobre nosotros por una persona tóxica.

Ejemplos de creencias limitantes

Este tipo de creencias que nos impiden avanzar y desarrollarnos plenamente pueden afectar a ámbitos muy diferentes de nuestra vida. Veamos algunos ejemplos en esta lista de creencias limitantes:

Vida laboral

  • Nunca voy a conseguir un buen trabajo.
  • Jamás podré montar un negocio de éxito.
  • No voy a enviar mi candidatura porque seguro que hay miles mejores que la mía.
  • Nunca tendré un sueldo mejor.
  • No merezco un ascenso porque no seré capaz de cumplir con esas exigencias.
  • No doy la talla para un trabajo o un puesto mejor.
  • Mis compañeros son mejores que yo.

Pareja

  • Nadie se fijará en mí.
  • Es demasiado para mí.
  • Seguro que se ríe de mí si me acerco.
  • Voy a hacer el ridículo.
  • No tengo nada que pueda gustarle.
  • Es mucho mejor que yo; no estoy a su altura.
  • El resto de chicos (o chicas) son mejores que yo.

Aprendizaje

  • Es muy difícil para mí.
  • No estoy capacitado/a para aprenderlo.
  • Soy muy mayor para aprender sobre esto.
  • Nunca sabré de este tema tanto como el resto de personas.
  • No valgo para estudiar/aprender.

Creencias limitantes sobre el dinero

  • El dinero es malo.
  • No merezco más dinero.
  • Tener más dinero me convertirá en peor persona.
  • Las personas ricas son malas.
  • No sé cómo gestionar el dinero.
  • Siempre seré pobre.

A menudo estas creencias se transforman en miedo debido a los mensajes negativos que hemos ido recibiendo desde nuestra infancia.

  • Miedo al rechazo.
  • Miedo a hablar en público.
  • Miedo a no encontrar un trabajo.
  • Miedo a quedar en ridículo.

Cómo eliminar y cambiar creencias limitantes

La parte positiva de todo esto es que estas creencias que te impiden avanzar no se ajustan a la realidad ni pueden demostrarse. Simplemente son pensamientos, imágenes mentajes o sentimientos que hemos aceptado por falta de autoestima o miedo. Es decir, estas creencias limitantes es una realidad que tú mismo has construido, y por ese motivo pueden eliminarse mediante el coaching, la psicología y otras técnicas de desarrollo personal.

Las creencias nos condicionan de manera directa y guían nuestros pensamientos y nuestras acciones. De la misma manera que una creencia limitante nos bloquea, una creencia potenciadora tiene la capacidad de hacernos superar retos que creíamos imposibles. El objetivo, por tanto, es eliminar estas creencias limitantes y convertirlas en potenciadoras.

Pero, ¿cómo podemos hacerlo? A continuación vamos a ver algunos pasos y técnicas para conseguirlo. También puede interesarte nuestro artículo: Qué es la confianza y cómo incrementarla.

  1. Identificación. Lo primero que debes hacer es identificar la creencia limitante. Lo ideal es determinar con exactitud cuál es el pensamiento que está generando estas emociones negativas. Obsérvate a ti mismo y anota todos esos pensamientos que atenten contra tu autoestima y te hagan sentir mal.
  2. Encuentra el origen. Una vez que hayas delimitado esos pensamientos, intenta encontrar el origen. ¿Sabes de dónde vienen? ¿Cómo se originaron?
  3. Dale la vuelta. Si has identificado una creencia limitante, intenta pensar cómo te sentirías si fueras capaz de hacer lo contrario. Por ejemplo, si sueles pensar «tengo miedo de acercarme a chicas y nunca conseguiré pareja», intenta imaginar cómo sería tu vida si cambiaras esa creencia por esta otra: «soy capaz de acercarme a cualquier chica y disfrutar de su compañía». Esta técnica es importante porque te hace ver el beneficio que obtendrías si cambiar esa creencia limitante por otra potenciadora.
  4. Recuerda en positivo. Bucea en tu mente e intenta recordar momentos en los que sí fuiste capaz de conseguir aquello que crees imposible. ¿Piensas que eres incapaz de hablar en público? Cierra los ojos, busca en tu archivo mental e intenta recordar esa vez que expusiste un trabajo delante de toda la clase con un rotundo éxito. Te demostrarás a ti mismo que tienes aquello que necesitas para darle la vuelta a esa creencia. Esto es especialmente poderoso, ya que te darás cuenta de que ya has vivido con anterioridad aquello que quieres conseguir en el futuro.
  5. Reprograma tu cerebro. Nuestro cerebro es como el disco duro de nuestro ordenador. Podemos instalar un software limitante o cambiarlo por uno potenciador. Si durante toda tu vida te has repetido “no sirves para nada”, estás a tiempo de utilizar el poder de la autosugestión para cambiar la dinámica. Repetirte a diario frases como “soy capaz de conseguir todo lo que me proponga”, “merezco conseguir un mejor sueldo”, “estoy cómodo acercándome a mujeres (u hombres)” o “todos me escuchan y me respetan”, te ayudará a interiorizar esas ideas y pensamientos. Es un paso importante para comenzar una nueva vida. Utiliza el listado de creencias limitantes que anotaste en el primer paso y elabora un nuevo listado con el polo opuesto. Si en ese listado escribiste “tengo miedo a hablar en público”, cámbialo por “me siento cómodo hablando en público y todos me escuchan con atención”. Si pusiste “no tengo confianza cuando me acerco a hablar con mujeres (u hombres)”, anota ahora “me encanta acercarme a hablar con personas del sexo opuesto; voy con confianza, me reciben con agrado y lo pasan bien conmigo”. Cuando tengas la lista completa, léela en voz alta dos veces al día: cuando te levantes y antes de irte a la cama. Su poder es inmenso.
  6. Toma acción. De nada sirve llevar a cabo estos ejercicios si no los llevamos a la práctica. Aunque hayas trabajado bien la técnica de la autosugestión, seguirás sintiendo miedo a la hora de afrontar determinadas situaciones. Pero los miedos se eliminan enfrentándolos. Sal a la calle y toma acción. Si siempre has pensado que no estás capacitado para conocer a gente nueva, sal fuera, sonríe, saluda… y poco a poco te sorprenderás hablando con total confianza con personas que no podías ni imaginar.

Las creencias limitantes te bloquean, pero estás a tiempo de cambiarlas. No es un camino fácil y tendrás que implicarte al máximo, pero de ti depende que el futuro sea mucho mejor de lo que jamás habías soñado.